
El fusil Jaguar y la prueba que decide su futuro
La Industria Militar diseñó un fusil de asalto con ingeniería enteramente colombiana. En septiembre de 2026 entra a pruebas operativas de las Fuerzas Militares y la Policía; de ese concepto técnico depende su adquisición.
100% Diseño e ingeniería colombianos
El fusil Jaguar es, hasta hoy, el desarrollo de armamento más ambicioso que ha intentado la Industria Militar colombiana: un fusil de asalto diseñado íntegramente por ingenieros nacionales, presentado públicamente en 2026 en un acto encabezado por el Presidente de la República junto al alto mando militar y el Ministro de Defensa. Su importancia no está solo en el arma. Está en que Colombia lleva más de tres décadas fabricando fusiles bajo licencia extranjera, y este es el primero que no le pertenece a nadie más.
Qué falta para que sea una dotación
El proyecto está maduro, pero no cerrado, y conviene decirlo con precisión. Las Fuerzas Militares y la Policía identificaron ajustes técnicos que la Industria Militar incorporó; con esos ajustes, en septiembre de 2026 deben entregarse los fusiles para pruebas operativas. De esas pruebas saldrá un concepto técnico que determinará si el arma es viable para adquisición. Hasta entonces, si las Fuerzas requieren armamento con urgencia y cuentan con presupuesto, la recomendación de la propia empresa es que lo adquieran por la vía que corresponda, y que la continuidad del proyecto Jaguar se decida después, con argumentos técnicos y objetivos.
El cuello de botella del cañón
Hay un detalle que explica bien de qué depende la soberanía industrial. Los cañones de los fusiles fabricados en Colombia se compran a Israel desde hace poco más de treinta años. No porque fabricarlos sea tecnológicamente complejo, no lo es, sino porque el acuerdo de transferencia tecnológica firmado en su momento estableció esa compra como mecanismo de control de la producción y de compensación por el conocimiento cedido. La Industria Militar evalúa hoy adquirir su propia línea de cañones; con la máquina fabricada a la medida, el plazo entre la firma del contrato y la puesta en marcha es de unos dos años, durante los cuales seguiría comprando afuera.
Por qué importa que se fabrique aquí
El argumento que la empresa pone sobre la mesa no es solo estratégico, es económico: cuando existe capacidad nacional y aun así se compra en el extranjero, se exporta empleo. Es un planteamiento razonable y también una tensión real, porque las Fuerzas necesitan equipamiento probado y en plazos operacionales, no promesas industriales. El fusil Jaguar es exactamente el punto donde esas dos legitimidades se encuentran, y las pruebas de septiembre son el modo institucional de resolverlas.


