
26 millones de votantes, una sola misión: proteger la democracia
Más que un delito o una cifra de daño, el Plan Democracia mide algo distinto: la capacidad del Estado de garantizar que los colombianos puedan votar en libertad, sin importar por quién.
Este año, 408.000 hombres y mujeres de la Fuerza Pública se desplegaron en todo el territorio nacional para proteger un ejercicio electoral que resultó, según cifras oficiales, el más concurrido de la historia, el más seguro en 40 años y, contra los pronósticos más pesimistas, uno de los más tranquilos que se recuerden.
El resultado más contundente llegó el mismo día de la votación: cero atentados terroristas en todo el país, pese a los pronósticos adversos que circulaban antes de la jornada, incluidos los que alertaban sobre posibles campañas de desinformación buscando sembrar dudas sobre la seguridad electoral. La protección electoral no se limita al día de las elecciones: exige meses de planeación, inteligencia y despliegue territorial, coordinados entre las Fuerzas Militares, la Policía Nacional y las autoridades civiles, además de una estrategia específica de comunicación pública para contrarrestar información falsa sobre riesgos de seguridad.
El resultado tiene, además, una lectura institucional que va más allá de la cifra: la elección de un nuevo gobierno, distinto en orientación política al que hoy se despide, fue posible gracias al mismo despliegue de esa Fuerza Pública. Para un Ministerio que insiste en su carácter apartidista, el Plan Democracia es quizás el ejemplo más claro de ese principio:
La Fuerza Pública no protege a un candidato ni a un partido, protege el derecho de cada colombiano a decidir, y ese principio no cambia con el resultado de una elección.


