
De $300.000 pesos a un salario mínimo completo: la bonificación que cambió quién quiere servir a la patria
En 2022, el país le pedía a un joven de dieciocho años que arriesgara la vida por 300.000 pesos al mes. En 2026 recibe 1.750.900: el 100% del salario mínimo. El efecto no fue solo económico.
Imagine que el país le pregunta a un joven de dieciocho años si está dispuesto a defenderlo, incluso a costa de su vida. Y que, cuando el joven dice que sí, le ofrece trescientos mil pesos al mes. Eso era lo que ocurría en Colombia en 2022.
En 2026, ese mismo joven recibe 1.750.900 pesos: un salario mínimo mensual legal vigente completo.
Quince años congelada en el 15%
La magnitud del cambio se entiende mirando hacia atrás. Entre 2002 y 2017, la bonificación mensual de quien prestaba el servicio militar y policial se mantuvo congelada en el 15% del salario mínimo, oscilando entre 47.700 y 108.600 pesos según el año. Entre 2018 y 2023 subió al 30%, donde volvió a estancarse. El movimiento real empieza después: 50% en 2024, con 650.000 pesos; 70% en 2025, con 996.400; y 100% en 2026, con 1.750.900.
Es decir: en cuatro años la bonificación pasó de menos de un tercio del mínimo a la totalidad del mínimo. El impacto presupuestal de esa decisión, solo en 2026, es de 800.000 millones de pesos.
Lo que ese giro significa en una casa
La cifra alcanza a más de cien mil familias, que son las de quienes prestan el servicio militar y policial. Y ahí es donde el dato deja de ser presupuestal. Con trescientos mil pesos, un soldado apenas cubría lo suyo. Con un salario mínimo, no solo cubre lo suyo: envía dinero a su casa y ahorra. En las unidades es común escuchar a soldados contar que giran parte de su bonificación a sus padres para el mercado o para insumos de trabajo.
Los efectos que nadie presupuestó
Tres consecuencias no estaban en la hoja de cálculo y hoy son visibles.
La primera es disciplinaria. Cuando la tropa carecía de elementos básicos: jabón, artículos de aseo, lo mínimo; aparecían problemas de convivencia por cosas elementales. Al resolverse la carencia, las faltas de disciplina cayeron de forma drástica.
La segunda es de selección. Antes había que salir a buscar quién prestara el servicio militar; era, en la práctica, una obligación difícil de llenar. Hoy hay tres candidatos por cada cupo de soldado profesional, lo que permite seleccionar en vez de aceptar a quien aparezca.
La tercera es de retención. Cada vez más personal que presta el servicio pide extenderlo. Eso significa que el Estado conserva talento ya entrenado y se ahorra los costos de una nueva incorporación y de un nuevo ciclo de formación. Un soldado que se queda es, además de un soldado más experimentado.


